22.3.10

Escuchando la canción de tus memorias, tomando la mano de tu creadora. Esperando el momento oportuno para largarme a gritarle a tu Dios. Llenarlo de insultos que de poco servirían. Pero aún no.

Mi labio inferior no paraba de temblar, y no lo podía controlar. Necesitaba tu abrazo transparente. Necesitaba de tu mirada azul.

En un pestaneo, y de repente, una lágrima violenta golpeó mi mejilla y cayó al suelo. Y mi alma se arrugó un poco mas.

La segunda gota fue tranquila, pasiva. Ésta, despistada, caminó por mi rostro hasta que pude saborearla. Ya había aceptado la derrota.

Era el sabor del perdón. Te arrancaron de mi vida, sin permiso, sin preguntar. Quizás hasta sin darse cuenta del vacío que dejarían aquí, en este mundo.

No sé dónde estarás, ni me lo pregunto. No quiero saber la respuesta, tengo miedo a sufrir un poco más. Tan sólo espero que te hayas ido por una razón.

Porque los caminos aquí son complicados.
No sabés cómo desearía que estuvieras acá, para enseñarme cómo andarlos.

Siempre voy a estar con vos. Siempre vas a estar conmigo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario